Extracto del Pregón de las Glorias de Antonio Muñoz Maestre (2005)
Es
noviembre en el templo que en la Magdalena solemniza el abrazo de la
muerte y la gloria. La Reina entronizada en las alturas sueña con una
mañana terrenal, con un amanecer en Nazaret, con el despertar del Hijo,
con la primera mirada al sol de cada día, con el trabajo sacrificado de
José, con tantas pequeñas cosas que junto a las grandes latían en su
corazón y se mezclaban con su sangre. Su ropaje dorado se apaga para
asemejarse al lienzo que apenas rozaba el suelo en su caminar por las
calles. La Mujer sabe que ya pasó una eternidad desde el dolor, y que
nada ni nadie podrá recrear el sufrimiento del Fruto de su vientre. Pero
su hogar está lleno de retratos, de recuerdos, unos felices y otros
amargos. Desde la oscuridad de su estancia, vislumbra breves lámparas
que se estremecen ante la memoria que Ella intenta enterrar en lo más
hondo del olvido. Pero el árbol redentor se eleva demasiado cerca, y la
Madre mezcla como nadie mezcló nunca la miel y la hiel. A sus pies, el
pueblo ruega su Amparo, pero antes, Ella debe despertar del sueño
agridulce. Las calles la reclaman para distraer su atención del germen
de la nostalgia.
Hay en el cielo un toque de añoranza.
Sobre las altas naves
La bóveda se estira eternamente,
Se despierta el pincel en los murales
Y retrata su rostro soñoliento
Buscando un mundo aparte.
Y pareció imposible
Dibujar la nostalgia en ese instante,
Poner felicidad en el recuerdo
Donde aún quedan huellas de la sangre,
O bien difuminarla en una ausencia
Que cuelga sobre el aire.
La luz, ya moribunda
Agoniza en faroles y ciriales,
Recordando cortejos de nobleza
De tantos años antes.
Amparo la nombraron las miradas,
Amparo le pidió por sus pesares
La voz callada y sorda
Que reza sus misterios cada tarde.
En un bosque de velas,
Su mirada es espejo de diamante
Donde mueren las glorias de Sevilla
Hasta que suenen cantos de azahares,
Que tras Ella es el fin,
Y el Adviento ya acerca su mensaje.
Adiós, hasta muy pronto,
El otoño repite en una salve.
Adiós, y una última mirada
A la leve sonrisa de su Madre.