Se cumple este año el décimo aniversario del fallecimiento del que fuera nuestro querido párroco y director espiritual Don Antonio Domínguez Valverde, quien fuera también Vicario General de la Archidiócesis y Déan de la Santa Iglesia Catedral. Por este motivo, el sábado día 20 de diciembre a las 13:30 horas será inaugurada una Exposición en Homenaje a su persona.
Hubiéramos querido que dentro de este
año se hubiera podido redenominar con su nombre el tramo de calle Bailén que
corre paralelo a la parroquia pero, desgraciada e incomprensiblemente, no ha
sido posible aún. La exposición recorrerá su vida gracias a diversas
fotografías escogidas de diversos momentos de la misma. También podrán
admirarse algunos objetos litúrgicos y personales que han quedado para el patrimonio parroquial. La exposición estará abierta en horario de la parroquia desde el 20 de diciembre al 6 de enero.
D.
Antonio Domínguez Valverde nació en Aroche (Huelva) el 25 de junio de 1926 en cuya Parroquia sirvió de monaguillo. Tras
perder a sus padres durante la
Guerra Civil ingresa en el Seminario Menor de Sanlúcar de
Barrameda. Para evitar que su vocación religiosa se viera frustrada por falta
de recursos, D. Antonio Jurado Armario, Párroco de la Magdalena , lo acogió en la Casa Rectoral como
si se tratara de un miembro de su propia familia.
Ordenado
sacerdote el 19 de mayo de 1951, en los inicios de su ministerio desempeñó los
cargos de Coadjutor de la
Parroquia de Santa Cruz y Profesor del Seminario Menor de
Sanlúcar de Barrameda. Posteriormente marcha a Roma para ampliar su formación
en la
Universidad Gregoriana en la que se doctoró en Historia de la Iglesia. De regreso a Sevilla
fue profesor, secretario y jefe de estudios del Seminario Metropolitano; al
tiempo que ayudaba a D. Antonio Jurado en las labores de la Parroquia , en la que le
sucedería; primero, como Regente en 1966 y dos años más tarde, como Párroco.
El
Cardenal Bueno Monreal lo incorporó a la Curia diocesana, en la que desempeñó los cargos
de Vicesecretario General y Secretario General y Canciller. Posteriormente, el
Cardenal Amigo Vallejo le nombró Deán de la S. I. Catedral (1982) y Vicario General (1983), siéndolo
hasta su fallecimiento.
Pero
por encima de todas las responsabilidades aquí reseñadas, que lo constituyeron,
sin duda, en una de las personas más relevantes de la Iglesia de Sevilla del
final del s. XX, D. Antonio antepuso siempre su condición de Párroco de Santa
María Magdalena, a la que consideraba su casa y a la que amaba sobremanera.
Como
en tantas otras cosas, D. Antonio era la
perfecta encarnación de la fidelidad
a la Iglesia
y a su ministerio sacerdotal. Supo servir con absoluta discreción a los Rvdmos.
Prelados de nuestra Archidiócesis. También supo
vivir la humildad de manera ejemplar.
Sin
embargo, la nota más destacada de su personalidad era su espíritu de servicio hacia los demás, especialmente a sus feligreses,
a quienes consagró su vida y para quienes siempre estaba disponible. Con su sotana
y su roquete bajo el brazo, era
constante en la atención a los enfermos e impedidos llevándoles la Comunión , en la cura de
almas en el confesionario, en el ejercicio de la caridad… Impulsó la devoción a
Jesús Sacramentado, exponiendo todas las tardes al Señor en la capilla del
sagrario parroquial. Igualmente sentía una especial devoción hacia la Inmaculada Virgen
María invocándola en las entrañables advocaciones del Amparo y de los Reyes.
Fue
también Director Espiritual de las Hermandades de la Parroquia , a las que
conocía profundamente y a las que también quería en la misma medida.
Enfermo
de gravedad, atendió a su Parroquia hasta el último momento y, a buen seguro,
le dedicó sus últimos pensamientos. El Señor lo llamó junto a Él en nuestra
ciudad, el martes 22 de junio de 2004, a los 77 años de edad y 53 de sacerdocio.
Sirva
esta sencilla exposición como humilde homenaje a su persona en el año del
décimo aniversario de su fallecimiento. En ella se recogen 39 momentos de su
vida en fotografía, a los que cada espectador puede unir el de su memoria
particular, y algunos recuerdos y objetos personales que han quedado en el
patrimonio de la Parroquia. Todos hubiéramos deseado que el tramo de la calle
Bailén que corre paralelo a la parroquia fuese rotulado con su nombre en este
año pero, desgraciada e incomprensiblemente, no ha sido así.



